miércoles, 31 de enero de 2018

Matrimonio y sus fundamentos

La idea del matrimonio nació en la mente de Dios. Raymond. T. Brock comenta: “El matrimonio fue pensado para los hijos de Dios. Se originó en el pensamiento del mismo Creador y es sancionado en el cielo para que sea practicado en la tierra con reverencia y responsabilidad”. Andrés Blackwood dijo al respecto: “Cuando Dios dirige el establecimiento de un hogar, dos principios generales se dejan ver con toda claridad.  En primer lugar, los planes para el matrimonio se forjan en el cielo. En su propio tiempo y de su propia manera.  Dios hace que se lleguen a conocer las dos vidas que él ha destinado como compañeros mutuos para toda la vida. La segunda parte principal constituye un contraste marcado porque aquí el énfasis es sumamente práctico. Los planes hechos en el cielo tienen que ser llevados a cabo en la tierra”. El matrimonio fue creado por Dios para que la pareja lo disfrute sin egoísmo, para que se amen y se traten con amabilidad. San Agustín, teólogo y filósofo del siglo cuarto, observaba: “Si Dios hubiera querido que la mujer gobernara al hombre la hubiera hecho de la cabeza de Adán. Si hubiera querido que fuera su esclava, la hubiera sacado de los pies del hombre. Pero Dios hizo a la mujer del costado del hombre porque quería que le sirviera de ayuda y compañera a Adán”. También, Myer Pearlman expresa: “La mujer fue sacada de debajo del brazo del hombre para que fuera protegida por él y cerca del corazón para que la amara”.

En el jardín del Edén, el Creador estableció las bases para que un matrimonio sea feliz. La primera base fue: 
La separación
Es el primer paso es dejar algo. Uno debe separarse de ciertas relaciones para unirse con la persona escogida. Tanto el hombre como la mujer tienen varias cosas que dejar: ciertas amistades, las costumbres personales rígidas, la vida de soltero, etcétera. No obstante, Dios va más allá con una demanda sorprendente: “Por tanto dejará el hombre a su padre y su madre”.  ¿Separarse de la familia? Así lo dice el Creador.

Unirse a su esposa
Es el segundo principio. Después de separarse, unirse.” Y se unirá a su mujer” (Mateo 19:5). Este es el aspecto personal y afectivo del matrimonio. La frase “se unirá” en hebreo, lenguaje en que se escribió el antiguo testamento, encierra la idea  de acercarse, pegarse, ser leal. El matrimonio es como si dos hojas de papel se juntaran cuidadosamente con pegamento, cuando el pegamento se seca, las dos hojas no se pueden volver a separar. Si las tratas de desunir, se rompen.
Y serán una sola carne
Es el tercer fundamento. Este aspecto tiene que ver con la relación sexual, la unión física. Pero la relación sexual es solamente el punto de partida de una gran aventura para conocerse mutuamente, en lo físico, en lo psicológico y lo espiritual.  

Estas son las tres dimensiones que incluye las bases del matrimonio.


Noviazgo y su importancia


El matrimonio exitoso está basado en un buen noviazgo. En un noviazgo que no sea por apariencia física solamente, se deben evaluar otras características. En principio, no debe ser un noviazgo por lástima, no se puede jugar con los sentimientos de las personas; por interés económico, ya que el dinero en sí no hace feliz a la persona; por influencias de los demás, porque eso sería un noviazgo forzado. Tampoco puede ser por temor a la soltería, ya que sería un noviazgo suicida; condicionado por la prueba de amor; si la joven acepta esta condición, se convierte en esclava del malhechor; ni por rivalidad, para hacer sentir mal a la pareja anterior, porque esta maldad es regresiva y puedes pagarla muy caro.

¿Qué es el Noviazgo?
Para estar consciente del verdadero significado del noviazgo, es necesario definir que es el noviazgo. El noviazgo es un compromiso adquirido de un joven con una jovencita con el fin de contraer matrimonio. En este período la pareja debe procurar tener pleno conocimiento de las cualidades emocionales, morales, físicas, intelectuales y el nivel espiritual del pretendiente antes del matrimonio. En esta etapa se determina si se realiza o no la ansiada marcha nupcial. Esto nos sugiere que para ejercer un noviazgo efectivo, conforme al fin que debe cumplir  dicho compromiso. Es de muchísima importancia conducirse sabiamente  y cumplir con la función principal que nos indica el noviazgo. Que la pareja se conozca mutuamente.
Para que esto sea una realidad, es de vital importancia aplicarse lo que dice el rey Salomón: “sabiduría ante todo adquiere sabiduría.” (Prov. 4:7). Si tiene falta de sabiduría aprópiese de lo que dice Santiago: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche y le será dada” (Santiago 1:15). La verdad es que sólo la sabiduría divina les puede librar de los peligros existentes en el período del noviazgo.
Un noviazgo que conduzca a un matrimonio feliz, no debe existir complejo de inferioridad, mucho menos de superioridad. Un noviazgo exitoso se realiza cuando se llega a una edad razonable. Los consejeros matrimoniales se inclinan a creer que la edad apropiada es a los dieciocho años.
En un noviazgo debe existir buena comunicación. El diálogo es el timón en toda relación. Mediante la comunicación debe conocerse el perfil interno de la pareja: caracteres, manera de ver la vida, sus gustos recreativos, vocación, costumbres hogareñas y aun sus defectos personales..
En el noviazgo, cada cita es muy importante para conocerse mutuamente y conducirse por la línea correcta.